Las consecuencias de un error
Un error, tanto si te beneficia como si te perjudica, puede tener consecuencias poco agradables. Si el fallo juega a tu favor, aunque sea mínimo, puede dar lugar a recargos en tus obligaciones tributarias. Estos recargos pueden aumentar con el tiempo y derivar en una sanción económica significativa. Además, existe la posibilidad de que Hacienda inicie una inspección más exhaustiva de tu situación fiscal. En ese proceso pueden aparecer pequeñas irregularidades de las que no eras consciente y que acaben generando nuevas sanciones o multas. Si el error te perjudica, la consecuencia habitual es haber pagado de más. En ese caso, si lo detectas a posteriori, puedes rectificar y solicitar la devolución correspondiente.
Es clave seguir bien el orden
Quienes van a trabajar por cuenta propia deben tener muy claro el orden de los trámites. Primero hay que darse de alta en la Seguridad Social y, después, en Hacienda. Hacerlo correctamente desde el inicio evita problemas, sanciones que pueden alcanzar los 3.000 euros y retrasos innecesarios. Además, permite acceder a ventajas específicas para nuevos autónomos, como la tarifa plana. Esta supone una reducción importante en las cotizaciones durante los primeros meses de actividad, algo especialmente útil en una etapa en la que los gastos se acumulan.
Cuidar los plazos
Ni la mejor memoria es infalible. La falta de tiempo, las prisas, los festivos o un viaje inesperado pueden provocar que se pasen por alto plazos importantes con Hacienda o la Seguridad Social. El resultado suele ser un recargo o una sanción totalmente evitable. Para evitarlo, conviene anotar fechas clave en la agenda y activar avisos en los dispositivos que uses habitualmente. Otra opción, a largo plazo más tranquila, es delegar la gestión en una empresa especializada. De este modo, alguien se encarga de controlar los plazos y reduces el riesgo de errores y sobrecostes.
No declarar todos los ingresos
Es imprescindible declarar todos los ingresos, no solo los procedentes del trabajo habitual. También deben incluirse los derivados de actividades adicionales, intereses bancarios, alquileres de inmuebles o incluso pagos en especie. Omitir estos datos puede acarrear multas que van del 50 al 150% de la cantidad no declarada. En el ámbito de la Seguridad Social, no reflejar trabajos realizados o periodos de cotización puede suponer sanciones económicas y, además, la pérdida de derechos laborales.

Fuente: Unsplash
¿Y las ayudas y subvenciones?
Las ayudas y subvenciones recibidas también deben figurar en la declaración de la renta. Si no se incluyen, ya sea por olvido o por confirmar un borrador incompleto, y Hacienda lo detecta, la sanción puede llegar al 50% del importe recibido. Si recuerdas el error antes de que haya una notificación oficial, lo más recomendable es presentar una declaración complementaria. Así se paga la diferencia correspondiente y se evita la sanción.
También las deducciones
No aplicar todas las deducciones disponibles puede hacer que pagues más impuestos de los necesarios. Cada comunidad autónoma tiene deducciones propias y, además, existen deducciones generales relacionadas con la familia, la discapacidad o el uso de la vivienda para la actividad profesional. Conocerlas bien puede reducir el importe a pagar o aumentar la devolución.
Por eso, estar bien informado y al día de los cambios en la normativa fiscal es clave. Contar con una gestión profesional y completa permite aprovechar ventajas, evitar errores y ahorrar tiempo y dinero que, de otro modo, acabarían perdiéndose por simples descuidos.